Édison Landázuri se acercó el viernes pasado a la Unidad  de Tránsito y Transporte de la Municipalidad.  Planeaba cambiar su bus. Él compró uno  de segunda en Quito. Si es aceptado se sumará a los 267 buses de transporte público que tiene la ciudad.

En Ibarra  hay dos líneas.   La San Miguel de Ibarra  con 117 automotores y la 28 de Septiembre con 159. Ninguno del año. Hay buses de fabricación de hasta 1980 que recorren las calles.

En la 28 de Septiembre la mayoría de buses  es de  1998. Son 25. Le siguen 21 unidades del 2001. Sólo hay uno de 2007.  Además hay cuatro de 1987 y nueve de 1990.

En la San Miguel  de Ibarra las cifras son parecidas. Hay 25 vehículos de 1995.  Sólo  dos buses del 2003. Ninguno supera ese año.
 

También dos de 1981  y seis de 1988.

La normativa establece 30 años de vida útil para el transporte popular y 12 años para el especial. Según expertos esto no está acorde con la realidad. “Hay buses que parecen desarmarse”, afirma José Mera, ingeniero en mecánica automotriz.

Buses  de segunda
En el 2009 se registró el cambio de 28 unidades en las dos cooperativas. El número no refleja la realidad. Según explican en la Unidad de Tránsito de la Municipalidad los  trámites de cambio no se hacen. Ninguno de los buses que llegaron a la ciudad son nuevos.  La mayoría tiene más de 10 años de vida útil.

Vinicio Villarreal, gerente de la Cooperativa  de Transporte San Miguel de Ibarra,  reconoce que  los buses son de segunda. Afirma que no pueden comprar nuevos porque los socios no tienen el capital suficiente. Además detalla que la inversión no se recuperaría.

Un automotor de este  tipo cuesta en promedio 90 mil dólares.  De segunda se puede encontrar desde 25 mil dólares. Los buses usados  que transitan en la urbe provienen de Quito, Ambato y Riobamba.  Algunos  obtenidos en remates  en la costa.

Poner a circular un bus usado puede costar  alrededor de 6 mil dólares. Esto si se toma en cuenta  la  reparación del motor que va desde 3 mil dólares,  compra de llantas 2 mil dólares,  la pintura  desde 600 dólares. Además el monto sube si repara la carrocería y la bomba de inyección. Por ello  los choferes los prefieren. Aunque no toman en cuentan que estos generan gases tóxicos. 

Control
No existe una ley que impida que una ciudad tenga solo buses  de  segunda. Lo que se recomienda es que se haga dos revisiones al año. El municipio realizó este  control. Iniciaron en octubre del 2009. Incluso los dirigentes de los transportistas dijeron que  individualmente chequean sus buses constantemente.

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