Germánico Solis

Que hasta el imaginario de los lectores de esta página, arriben los colores y los aromas de las buganvillas cuando se agolpan en los portones de la ruralidad de San Gabriel. Que los ambientes se saturen con la ventisca  que cabalga en los tapiales y juega luego con la redondez de los nísperos y la brizna montufareña, o más bien, que reconozcamos la raigambre de la familia Caicedo Landázuri en las revelaciones del arte, obstinada como la hiedra, aferrada a los espacios de la cultura. 
 

   Y es que la relación de doña María Mercedes con los comités de escuela, indujo a sus dieciocho hijos a enfrentar la vida  y a comprender el arte, pues ella hizo teatro y pintó, cuando sus manos ofrecían finos bordados y delicadas caricias. Cómplices de las incitaciones: el añil del cielo, las aguas claras del río San Gabriel, los juegos de “la gallina ciega”, “la guaraca”, “los huevos de gato” y el eterno paisaje paisano.
 

   José Feliz es el séptimo de la pródiga familia, afincado  en Ibarra y  duro a desertar el acento cáchense, cantador de alindadas historias que le implican con el arte, como aquella  que al dejar de se ser niño se enamoró idealistamente de una niña  para iniciarse en la poesía, las del estreno en el canto de boleros, tangos o rancheras, y las de los apegos por la pintura  ocasionadas por la pasión de su padre Pedro Miguel y por el impresionante panorama de su natal San Gabriel.
 

   Su condición de buen estudiante lo debe a la escuelita José Reyes y a los maestros que afirmaron que “la letra con sangre entra”. Graduado en el Seminario San Diego  empezó la docencia, dejando las tentaciones del sacerdocio y los gustos que le dieran su grupo musical, radicase en el recinto La Unión de Santo Domingo de los Sachilas.
 

   La producción literaria de Caicedo esta hermanada con la poesía romántica y de verso libre, al  cuento que revitaliza las vivencias sociales, sus inspiraciones ha aparecido en revistas y son difundidas en recitales y tertulias. El bagaje son fruto de las lecturas de infancia de “El Peneca” y los clásicos: Dumas, Goethe, Shakespeare; del esoterismo de Nostra Damus; del bum latinoamericano y de los escritores ecuatorianos de los años 30.
 

   El estilo y temática de la obra pictórica de Caicedo se define en el realismo fantástico, cada cuadro esta compuesto  con cascadas, aves, flores; ambientes recreados con ninfas, oceánidas, duendecillos, personajes flotantes, sugerentes y apócrifos. Sus cuadros han salido a E U, Bélgica y a San Gabriel. Utiliza asiduamente el óleo y el acrílico, lo hace también con la acuarela y el pastel. Sus destrezas han hecho posible el retrato. Sus logros son inspiraciones de El Puente de Rumichaca y la Reserva de los Arrayanes.
 

   La docencia en la U. Católica, Central, Salesiana, Cristina y programas de la UTN, no le apartaron de la balada romántica cantada en escenarios familiares y comunitarios. Ahora jubilado, provee a una sala que oferta su obra en Galápagos,  las exposiciones semanales en la arquería del El Cuartel; afina su escritura  a publicarse y disfruta de los años buenos. Y  aunque  su designio  no fue el acopio material, vive feliz con los goces del arte y el amor, junto a una guitarra y a la añoranza familiar.